El canon digital: ¿un impulso a la labor creativa o un impuesto que grava la cultura?
«Este grupo está genial. Ya me he comprado su último CD». Esta frase, tan cercana, está cayendo irremediablemente en desuso. Sobre todo, entre las personas con 25 años o menos. Las nuevas tecnologías son las responsables de que, en la actualidad, el verbo «bajar» haya sustituido a «comprar».
Y¿quién no ha dicho alguna vez o al menos escuchado, un «me lo acabo de bajar (de Internet)»? Todo un cambio de mentalidad que afecta a la sociedad y que, por tanto, conlleva nuevas costumbres y reajustes. La aparición del canon digital y la polémica que le acompaña es parte de ese proceso. La ley que lo configura define esta medida como una manera de permitir que, frente a las posibilidades de reproducción que permiten los nuevos medios, se evite la judicialización de la vida de la sociedad, como una forma de que las copias que las personas físicas realizan para pasar el CD a MP3, por ejemplo, sean legales.
Entre los defensores de esta iniciativa se encuentran, principalemente, músicos y entidades como la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Entre sus detractores, internautas, consumidores y dueños de establecimientos como bares o tiendas que utilizan la música para dar ambiente. Los primeros argumentan que el canon es necesario para defender los derechos de los autores frente al aumento de copias que, según afirman, conlleva un descenso de las ventas. Los segundos consideran la medida «excesiva e indiscriminada» y, en su mayoría, abogan por una alternativa que permita «el libre flujo de información». Por su parte, el Gobierno español acaba de aprobar una nueva Ley de Propiedad Intelectual que respalda el canon digital.
El abogado David Maeztu, experto en temas relacionados con la Red, responde todos los días en su blog preguntas relacionadas con internet y la propiedad intelectual y no duda en defender que el canon digital «es una herramienta correcta como mecanismo compensatorio» aunque cuestiona cómo se ha plasmado. «Es un poco como siempre, la idea es buena, pero cuando se lleva a la práctica y hay dinero de por medio, se producen abusos o situaciones difíciles de explicar que hacen que la idea parezca mala», señala. En este sentido, Maeztu considera que el canon digital «permite flexibilizar la posición absoluta de los autores respecto a sus derechos, ya que éstos son dueños en exclusiva de su obra», a la vez que resuelve dos problemas de la ecuación de una sola vez: por un lado, la imposibilidad de prohibir las copias «que sería como poner puertas al campo», y por otro, la merma en los ingresos de los autores que suponen las copias. De hecho, asegura que lo que más cuestionan los consumidores «y cada vez está siendo más patente que debe cambiarse, es el importe del canon, los medios y soportes gravados y la forma de su gestión», no así la iniciativa en si misma.
Otros, sin embargo, no lo tienen tan claro. Niko, el bajista de Motorsex, por ejemplo, defiende la supresión del canon sin paliativos y aboga por que los autores autogestionen sus creaciones. «No se deben buscar alternativas a un robo descarado. No entiendo que la difusión cultural o las fotos del bautizo del sobrino tengan que ser gravados con impuestos particulares. Para eso ya estoy pagando el IVA», subraya.
Por su parte, Xabier Barandiaran, escritor y uno de los creadores de la web www.compartiresbueno.com, entiende que el canon es «la punta del iceberg de un conflicto social que arranca con las nuevas tecnologías y con la forma en que éstas ponen en peligro un modelo capitalista de comercialización de la cultura». En este sentido, acusa a las entidades que gestionan los derechos de autor de haber creado «una imagen pública de que les estamos robando. A mucha gente, aunque copien, si se les pregunta consideran que sí le están quitando algo a alguien, aunque no saben explicar exactamente por qué. Pero yo no le estoy quitando nada al autor. Este sigue teniendo su canción o su libro. Un autor -añade- debería vivir de componer o escribir, no de lo que ya ha creado».
El colectivo musical MusikHerria, que conforman unos 40 grupos, lleva esta filosofía más allá y utiliza sólo las licencias copyleft para difundir sus creaciones. Según explican, no buscan vivir de la música «porque es casi imposible y porque no creemos en ello» y apuestan por la música libre y la cultura alternativa. «Desde el principio tuvimos claro que la música que componemos tenía que servir para difundir mensajes y reivindicaciones. Y la SGAE no hace más que poner obstáculos a esa difusión musical», aseguran. En MusikHerria utilizan las licencias Creative Commons, sistema que permite copiar un disco o un libro pero con dos condiciones: mencionar siempre al autor y que las copias cuenten con la misma licencia, es decir, que también puedan copiarse.
Sin embargo, tal y como señala David Maeztu, la SGAE rechaza «gestionar obras con este tipo de licencias flexibles» aunque abre una pequeña puerta al apuntar que en Holanda ya existen dos entidades de gestión que han permitdo a los autores licenciar con Creative Commmons y, aún así, gestionarles los usos no permitidos por las licencias concretas. «Este debe ser el camino, que la entidad de gestión gestione y no que decida sobre qué quiere hacer el autor con sus derechos», indica este abogado.
A todo este conglomerado de situaciones contrapuestas se viene asumar el hecho de que, técnicamente, los autores que decidan utilizar el copyleft van a tener que pagar el canon para realizar sus producciones de todos modos «y como no son son socios de la SGAE, nunca lo van a cobrar», subraya por su parte Javier de la Cueva.
El informático Marko Txopitea se muestra de acuerdo con esa postura y, tras dejar claro que el conflicto surgido respecto al canon no es una cuestión de dinero, recuerda que, tal como está establecido, a menudo debe abonarse más de una vez. «Está claro que los autores deben cobrar por su trabajo pero el canon no es el camino. Incluso comprando un CD en la tienda, te están obligando a pagar el canon cuando intentas pasar una de esas canciones, por ejemplo, a tu móvil», denuncia. En este contexto, Txopitea niega que el canon sirva para atacar a la «piratería» y asegura que, en el Estado español, el sistema P2P -que se utiliza para bajar de internet música, películas y demás- «es totalmente legal. Sin olvidar -añade- que en internet existe software libre como GNU-Linux o autores que cuelgan sus creaciones para que las podamos bajar libremente. Sin embargo, también nos hacen pagar por eso», critica.
Los miembros de MusikHerria, por su parte, consideran la copia libre como «una práctica beneficiosa para difundir nuestros trabajo y para conocer a grupos extranjeros. El canon -aseguran- no va a impedir que exista la piratería».
Para dar a conocer su postura, habituales de los foros Hackmeeting, Metabolik o Hacklab, entre otros, suelen poner en marcha diversas iniciativas como concentrarse ante la sede de SGAE o elaborar un cómic que reparten entre los transeuntes. Durante estas iniciativas suelen recordar que, junto con la música, el canon también se aplica en el mundo de los libros, principalmente a través de las fotocopiadoras. «La entidad CEDRO quiere llevar el canon a los libros. En concreto, en las bibliotecas públicas. De momento, no lo ha logrado pero sólo porque la nueva Ley de Propiedad Intelectual ha dejado fuera las bibliotecas», alertó Txopitea.
El Gremio de Editores de Euskadi-Euskadiko Editoreen Elkartea (GEE), que es miembro de CEDRO, rechaza sin embargo estas acusaciones y asegura que la copia privada -por la que se cobra el canon o compensación- beneficia al ciudadano «puesto que le permite reproducir obras protegidas por el derecho de autor para uso privado sin solicitar la autorización previa de sus titulares de derechos». En un comunicado de prensa enviado a este diario, explican además que «la copia privada también favorece a todo el sector del libro, puesto que parte de esta compensación va destinada a la formación, promoción y asistencia de autores y editores».
El canon existe desde 1987. Antes se aplicaba en los casetes y las cintas de vídeo, que han caido en desuso. Sin embargo, David Maeztu entiende que la Red ha incrementado la información disponible y que, gracias a ello, el movimiento crítico ha crecido exponencialmente. Este abogado propone a los autores buscar información antes de tomar ninguna decisión. «Si un grupo va a autoproducirse un CD, por ejemplo, debe solicitar, desde el momento en que se convierte en productor, que se le exonere del pago del canon, según establece el artículo 25.7.a para equipos y soportes», explica.
En la misma línea, el letrado Javier de la Cueva, experto también en temas relacionados con el canon, propone al ciudadano la posibilidad de reclamar judicialmente el importe del canon. «Basta con buscar en internet los términos `demanda contra el canon' para encontrar los pasos a seguir», apunta. Asimismo, plantea la opción de que bares y establecimientos utilicen sólo música Copyleft «y estén preparados para demostrarlo. Hay millones de canciones», asegura.
Respecto al futuro, las opiniones críticas con el canon reconocen que es difícil encontrar una solución que satisfaga a todos. Algunos, como Maeztu, insisten en defender el concepto de canon, aunque cuestionan que se graven «soportes como CDs y DVDs, que son, en definitiva, el papel del siglo XXI». Xabier Barandiaran, por su parte, considera que la solución puede venir de plantearse como sociedad qué queremos hacer y cómo. «Estamos dejando que pequeños grupos de poder y algunos genios informáticos decidan por donde van las cosas y creo que ha llegado el momento de sentarnos a hablar y definir cómos vamos a construir sociedad con las nuevas tecnologías», concluye.
El periodista Pablo Cabeza, por su parte, asegura que «todo parece indicar que la tendencia del consumidor, en el mejor de los casos, se dirige a comprar música vía on line por medio de tiendas como iTunes o Amazon, quedando el compacto físico en un plano residual, tal y como ahora lo es el vinilo. No obstante -añade- la capacidad de resistencia del compacto en el tiempo, no es predecible pues depende tanto de los avances tecnológicos futuros, cada vez más exponenciales, como de las leyes que se vayan legislando para evitar la copia, cada vez más severas y agresivas con el usuario digital».
Marta MORALES


